Hoy los grupos que operan fuera de la ley se han convertido en un riesgo latente para nuestra incipiente democracia. El apoyo sistemático de grupos criminales a favor de una fuerza política en los procesos electorales, implicaría un gran desafío para nuestra estabilidad política. Pero antes de adoptar una posición alarmista o de desestimar la capacidad del crimen organizado para corromper nuestra democracia, hay que preguntarse: ¿Qué buscan en realidad? ¿Impunidad para sus actividades?
Hay casos en los que los criminales intimidan candidatos en función de sus propios intereses —generalmente con el propósito de contar con autoridades pasivas que les permitan trabajar— u operan en contra del candidato o los candidatos con los perfiles que no les resultan convenientes. En otros casos, las organizaciones criminales intervienen en estos procesos como “maquinarias electorales” que venden su apoyo a algún candidato (ya sea con recursos, movilización de votantes o mediante agresiones en contra de los otros candidatos o sus simpatizantes). Este segundo caso —que implica un involucramiento más hondo del crimen en la vida política— constituye una variante de un servicio característico de las mafias: la protección en contra de la competencia, que se ofrece lo mismo para negocios y organizaciones gremiales que para candidatos y partidos políticos.
Ahora bien, Jamie Bonilla Valdés, dirigente del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Baja California, no le abona nada al proyecto que han dado por denominar "La esperanza de México", al involucrar en sus filas a personajes que se han visto relacionados con actividades ilícitas. Lo siguiente es una muestra de lo que el columnista comenta:
"La estructura del cartel en 1997 estaba conformada por el propio Alejandro Hodoyán y Jesús Labra Avilés, El Chuy Labra, cerebros financieros de la organización; Benjamín Arellano, organizador del grupo; Ismael Higuera Guerrero, El Mayel, responsable del control de la droga en Baja California rumbo a Estados Unidos; José Humberto Rodríguez Bañuelos, la Rana, uno de los principales introductores de droga procedente de Michoacán, Jalisco y Sinaloa; AMADO CRUZ ANGUIANO, contacto con los cuerpos policiacos y los traficantes colombianos; Ramón Arellano, jefe del grupo de sicarios Los Juniors".
En el enlace siguiente podrás, estimado lector, enterarte de parte de la historia:
http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2016/12/21/ostentacion-y-muerte-en-el-cartel-de-tijuana/
Hasta aquí la dejamos, no sin antes recomendarles que ¡NO SE ENREDEN Y PUNTO!
Muchas gracias por su tiempo de lectura y ayuda para difundir estos puntos de vista.

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